En febrero de 2017, nacía “Tus manos, mis manos” (asistenciasexual.org) con un doble objetivo:

  • Dar a conocer la idea de que la asistencia sexual debe ser un apoyo para acceder sexualmente al propio cuerpo (y/o al de la pareja, no al del asistente), y como tal constituye un derecho.
  • Generar un espacio de encuentro para que las personas que requieren estos apoyos y quienes los ofrecen, puedan ponerse en contacto con la mayor libertad e intimidad posibles.

La magnitud del interés por esta propuesta se expresa en las casi medio millón de visitas a nuestra web y 2,5 millones de páginas consultadas, más de 2.300 seguidorxs en Facebook, 270 en twitter, más de 350 en vimeo y youtube, cerca de 500 inscritxs al boletín y unas 300 personas anunciadas como asistentes sexuales distribuidas en todas las provincias de España (además de varios países de habla hispana). Todo esto, en solo tres años y sin ningún apoyo institucional, nos confirma que, a pesar de los problemas y dificultades a los que luego haremos referencia, el proyecto es necesario y tiene sentido. ¡Gracias por vuestro apoyo!

Ámbito académico

Rosa y Oriol desnudos sobre la cama

Divulgación

Medios de comunicación

Poderes públicos

También hemos colaborado con las Administraciones Públicas, comparecimos ante la Comisión para las Políticas Integrales de la Discapacidad, participamos en la jornada del Servicio de Igualdad y Violencia de Género del Cabildo de Gran Canaria y en la sesión de la Agencia de Salud Pública de Barcelona.

Cultura audiovisual

Otro elemento clave para la difusión del modelo de asistencia que propugnamos es el mundo de la cultura audiovisual. El documental “Yes, we fuck!” ha seguido proyectándose en infinidad de espacios por medio mundo y está visible en Filmin y en Vimeo. La película “Vivir y otras ficciones”, además de ganar importantes premios en diversos festivales de cine, se ha estrenado en numerosas salas de varias ciudades francesas y se puede ver en Filmin y en Prime video. Por otro lado, la serie de televisión “Trèvols de 4 fulles” dedicó uno de sus capítulos a la asistencia sexual entendida como derecho al propio cuerpo. La campaña “Yo me masturbo” sigue corriendo por las redes e infinidad de jornadas y congresos.

Sin duda, todo lo explicado hasta aquí constituye un balance altamente positivo que nos anima a perseverar en el camino iniciado hace tres años. Sin embargo, es una senda no exenta de problemas y dificultades que nos gustaría exponer aquí, aunque sea muy sintéticamente, en busca de vuestras buenas ideas para mejorar el proyecto y a modo de balsámica terapia para nuestros quebraderos de cabeza:

  • Sexismo. Los hombres constituyen una mayoría desproporcionada entre quienes se anuncian como asistentes (60%), en la zona de ligue (90%) y, a juzgar por los correos que recibimos, en la demanda de servicios. Seguramente todos estos indicadores mejorarían si consiguiésemos que más mujeres con diversidad funcional se incorporasen al debate público sobre cómo debería ser la asistencia sexual. El punto más débil de toda la propuesta es, sin duda, que la falta de estas voces sesga el modelo de manera que el sexismo estructural deforma el paradigma en construcción.
  • Trabajos sexuales. Cuesta entender que hay diferentes trabajos sexuales (pornografía, estiptis, prostitución, masaje erótico, asistencia sexual, surrogate…) y que cada uno de ellos ofrece roles, expectativas y prácticas sexuales diferentes. Varias mujeres asistentes reportan quejas porque reciben propuestas de hombres sin diversidad funcional y propuestas de hombres con diversidad funcional que tienen que ver con otros trabajos sexuales diferentes de la asistencia sexual.
  • Territorialidad. Las grandes urbes acaparan la mayor parte de la oferta de asistencia (las ciudades de Barcelona y Madrid suponen el 37% del total de asistentes), haciendo difícil cubrir las zonas menos densamente pobladas.
  • Economía. El precio medio de la asistencia se sitúa en torno a 60 €/h. Teniendo en cuenta la menor renta media disponible por parte de las personas con diversidad funcional respecto a la población general, la falta de reconocimiento y apoyo por parte de los poderes públicos y la dificultad para encontrar espacios adecuados en los que llevar a cabo los servicios, muchas personas que necesitan estos apoyos no pueden permitírselos, o al menos no con la frecuencia deseable.

En definitiva, tres años después de haber empezado este apasionante proyecto, valoramos que el interés generado y el trabajo realizado apuntan a que se trata de un proyecto lleno de sentido y del todo necesario, aquejado de problemas serios que requieren la implicación de más y más gente, pero sobre todo de las mujeres con diversidad funcional. Agradecemos vustro apoyo y todas las sugerencias que nos hagáis llegar. Que se corra la voz para que se corra todo el mundo.

“Sin apoyos mi cuerpo no es mío”
(Campaña ‘Yo me masturbo’)