La asistencia sexual es un servicio dirigido a personas con diversidad funcional que no pueden acceder a su propio cuerpo de manera autónoma. Se trata de un tema que genera debate y polémica. Mientras algunos consideran que se trata de un derecho necesario y fundamental para garantizar la autonomía sexual de estas personas, otros lo perciben como otra forma de prostitución. En varios países, esta figura profesional está regulada y cuenta con respaldo económico por parte del Estado, lo que permite garantizar seguridad y formación a quienes la ejercen, así como un marco legal que protege a los usuarios del servicio.

‘Vamos a ver’ ha querido abordar el tema y ha hablado con Mon García, asistente sexual, quien explica con detalle en qué consiste su labor: «Es una figura híbrida entre trabajo sexual y asistencia personal. Realizo un acompañamiento sexual a personas con diversidad funcional, normalmente de carácter físico, que debido a su falta de autonomía necesitan un apoyo que les facilite acceder a su propio cuerpo y a su propio placer».